15 mayo 2010

Otra lectura de la crisis económica. ¿ y TÚ QUÉ OPINAS?


VICENÇ NAVARRO

La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia, Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical. Es sorprendente que esta explicación haya alcanzado la dimensión de dogma, que se reproduce a base de fe (el omnipresente dogma liberal) y no a partir de una evidencia empírica. En realidad, ésta muestra lo profundamente errónea que es tal explicación de la crisis. Veamos los datos.

Todos estos países tienen los gastos públicos (incluyendo el gasto público social) más bajos de la UE-15, el grupo de países más ricos de la Unión Europea, al cual pertenecen. Mírese como se mire (bien gasto público como porcentaje del PIB; bien como gasto público per cápita; bien como porcentaje de la población adulta trabajando en el sector público), todos estos países están a la cola de la UE-15. Su sector público está subdesarrollado. Sus estados del bienestar, por ejemplo, están entre los menos desarrollados en la UE-15.
Una causa de esta pobreza del sector público es que, desde la Segunda Guerra Mundial, estos países han estado gobernados la mayoría del periodo por partidos profundamente conservadores, en estados con escasa sensibilidad social. Todos ellos tienen unos sistemas de recaudación de impuestos escasamente progresivos, con carga fiscal menor que el promedio de la UE-15 y con un enorme fraude fiscal (que oscila entre un 20 y un 25% de su PIB). Son estados que, además de tener escasa sensibilidad social, tienen escaso efecto redistributivo, por lo que son los que tienen mayores desigualdades de renta en la UE-15, desigualdades que se han acentuado a partir de políticas liberales llevadas a cabo por sus gobiernos. Como consecuencia, la capacidad adquisitiva de las clases populares se ha reducido notablemente, creando una economía basada en el crédito que, al colapsarse, ha provocado un enorme problema de escasez de demanda, causa de la recesión económica.
Es este tipo de Estado el que explica que, a pesar de que su deuda pública no sea descomunal (como erróneamente se presenta el caso de Grecia en los medios, cuya deuda es semejante al promedio de los países de la OCDE), surjan dudas de que tales estados puedan llegar a pagar su deuda, consecuencia de su limitada capacidad recaudatoria. Su déficit se debe, no al aumento excesivo del gasto público, sino a la disminución de los ingresos al Estado, resultado de la disminución de la actividad económica y su probada ineficacia en conseguir un aumento de los ingresos al Estado, debido a la resistencia de los poderes económicos y financieros.
Por otra parte, la falta de crédito se debe al excesivo poder del capital financiero y su influencia en la Unión Europea y sus estados miembros. Fue la banca la que, con sus comportamientos especulativos, fue creando burbujas que, al estallar, han generado los enormes problemas de falta de crédito. Y ahora están creando una nueva burbuja: la de la deuda pública. Su excesiva influencia sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (este último mero instrumento de la banca) explica las enormes ayudas a los banqueros y accionistas, que están generando enormes beneficios. Consiguen abundante dinero del BCE a bajísimos intereses (1%), con el que compran bonos públicos que les dan una rentabilidad de hasta un 7% y un 10%, ayudados por sus agencias de cualificación (que tienen nula credibilidad, al haber definido a varios bancos como entidades con elevada salud financiera días antes de que colapsaran), que valoran negativamente los bonos públicos para conseguir mayores intereses. Añádase a ello los hedge funds, fondos de alto riesgo, que están especulando para que colapse el euro y que tienen su base en Europa, en el centro financiero de Londres, la City, llamada el “Wall Street Guantánamo”, porque su falta de supervisión pública es incluso menor (que ya es mucho decir) que la que se da en el centro financiero de EEUU.
Como bien ha dicho Joseph Stiglitz, con todos los fondos gastados para ayudar a los banqueros y accionistas se podrían haber creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito que estamos experimentando . En realidad, es necesario y urgente que se reduzca el sobredimensionado sector financiero en el mundo, pues su excesivo desarrollo está dañando la economía real. Mientras la banca está pidiendo a las clases populares que se “aprieten el cinturón”, tales instituciones ni siquiera tienen cinturón. Dos años después de haber causado la crisis, todavía permanecen con la misma falta de control y regulación que causó la Gran Recesión.
El mayor problema hoy en la UE no es el elevado déficit o deuda (como dice la banca), sino el escaso crecimiento económico y el aumento del desempleo. Ello exige políticas de estímulo económico y crecimiento de empleo en toda la UE (y muy especialmente en los países citados en este artículo). No ha habido una crisis de las proporciones actuales en el siglo XX sin que haya habido un crecimiento notable del gasto público y de la deuda pública, que se ha ido amortizando a lo largo de los años a base de crecimiento económico. EEUU pagó su deuda, que le permitió salir de la Gran Depresión, en 30 años de crecimiento. El mayor obstáculo para que ello ocurra en la UE es el dominio del pensamiento liberal en el establishment político y mediático europeo, imponiendo políticas que serán ineficientes, además de innecesarias. Y todo para asegurar los beneficios de la
banca. Así de claro.


Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy
en The Johns Hopkins University

14 mayo 2010

Funcionarios públicos y sueldos congelados




En 1956, Dolores Medio escribió “Funcionario público”, novela desgarrada donde se narran las penurias de Pablo Marín, funcionario atado a un sueldo mísero que malvivía en un cuartucho junto a su mujer.

Tras las décadas siguientes de desarrollo, la figura del empleado público casi indigente,
trasunto del cesante de novelón galdosiano, fue poco a poco hundiéndose en el olvido.

Pero en los últimos días, la cloaca política y mediática neoliberal ha babeado de placer
ante los ecos de una posible congelación salarial a los funcionarios. Sin embargo, nada
sería más injusto que pasar la factura de la crisis a este colectivo.

Así, en los momentos de hervor económico y ladrillazo, un encofrador podía duplicar el
sueldo de un Técnico Superior de la Administración, y para conseguir que un albañil
viniera a casa había, poco menos, que apuntarse en una lista de espera y cruzar los
dedos.

Mientras los funcionarios perdían poder adquisitivo y realizaban malabarismos contables
con el sueldo, miles de paletos de eructo, puti club y caspa montaban una constructora y
juntaban billetes de quinientos euros como cromos. Legiones de jóvenes abandonaban los
estudios y dejaban sus libros escolares criando polvo mientras se pavoneaban en coches
refulgentes… ¿los funcionarios? Unos “pringaos, hombre, unos “pringaos”… ¿para qué
estudiar?, ¿para qué invertir?, ¿para qué innovar?...

“España va bien”.

Y mientras tantos celebraban sus ganancias entre cubatas, risas, rayas de coca y “España
va bien”, miles de hombres y mujeres habían inmolado sus mejores años junto a una taza
de café cargado, un flexo y un temario de oposiciones. Con los codos clavados en una
mesa, viendo la vida desfilar a través del claroscuro de un ventanal, a la espera del
momento crucial y temible de los exámenes.

Pues bien, ahora resulta que, según los neoliberales, los efectos de aquellos excesos han
de pagarlos los “privilegiados funcionarios”, precisamente el colectivo que apenas se
benefició del auge económico y que, por supuesto, no provocó la crisis.
Según ese planteamiento no pidamos cuenta a las entidades bancarias que prestaron
dinero sin las debidas garantías. No pensemos que las ganancias obscenas de la
especulación acabaron en paraísos fiscales. No indaguemos en ayuntamientos y
comunidades que dilapidaron millones encargando obras absurdas que enriquecieron a
empresarios. No, no… todo esto que lo paguen los funcionarios.

Sí, los funcionarios, aquellos “pringaos” durante los años del falso esplendor económico.
Sí, el juez que sacrificó como poco cinco años en una oposición terrorífica (aparte de los
cinco de carrera) para ganar menos que muchos fontaneros. Sí, los miles de opositores
que hubieron de recurrir al Lexatín, el policía que se juega la vida por mil quinientos euros
mensuales, el auxiliar que no gana más de novecientos… ¡resulta que estos han de pagar
la crisis y son unos “privilegiados”!

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor


11 mayo 2010

El imperio del consumo por Eduardo Galeano


El imperio del consumo

Eduardo Galeano

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos?

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.

Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece. Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar? El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiene den las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio. Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas? El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas. La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

Eduardo Galeano

Montevideo, Uruguay

14 abril 2010

Jueces prevaricadores‏



12 de abril de 2010,

OPINIÓN:

ANTONIO DOÑATE

¿Hacia donde camina la independencia
judicial tras el auto de Luciano Varela
contra Baltasar Garzón?



¿Se hace realidad que los extremos se tocan?
¿Averiguar la verdad de la detención ilegal-desaparición (...) es
prevaricar o dar cumplimiento estricto de lo dispuesto en la ley?
¿Está induciendo esta resolución a que los jueces de instrucción
apliquen el principio de economía procesal por falta de medios
personales o materiales, o la ley del “mínimo esfuerzo”?


De un lado la Falange, reivindicando con su querella reivindicando el honor de los
falangistas que fueron precisamente los que corporativa y personalmente masacraron
a miles de españoles, cuyo único delito, en su gran mayoría, era ser funcionarios
republicanos, miembros de sindicatos o simplemente cargos públicos en los
ayuntamientos surgidos tras las elecciones democráticas de Febrero de 1936, o haber
dictado alguna sentencia aplicando la normativa derivada de la legislación agraria
republicana no dando la razón a un cura propietario de las tierras, como es el caso del
Juez de Instrucción de Calamocha(Teruel) Vicente Martinez Alhambra, fusilado por
“rojo” en septiembre de 1936. Falangistas que asumieron entusiásticamente las
directrices del dictador Franco y sus generales golpistas. Veamos una pequeña pero
enjundiosa muestra:

El historiador Espinosa afirma en su obra “Morir, matar, sobrevivir. La violencia en
la dictadura de Franco” Editorial Critica, Edición de 2004,( pág.61) que el General
Yagüe, el 30 de Junio de 1936, o sea, dos semanas antes del dia clave para el golpe
militar, siguiendo las “Instrucciones Reservadas” del General Mola, y sus “Directivas
para Marruecos”de 24 de Junio de 1936, concretó esas directivas en:
“ -utilizar las fuerzas moras Regulares, Mehal-las, Harkas y Policía indígena.
Conferir el mando del orden público y seguridad en las ciudades a elementos
de Falange
Detener a las autoridades españolas que sean sospechosas
Clausurar todos los locales de reuniones públicas, tales como centrales
sindicales, logias masónicas, sedes de partidos, casas del pueblo, ateneos.
Eliminar los elementos izquierdistas: comunistas, anarquistas, sindicalistas,
masones, etc,...”

Y el también historiador Reig Tapia recoge en su obra “La Cruzada de 1936”,
Alianza Editorial(2006) nota 57, págs. 177-178) que el diario norteamericano
Chicago Tribune, de 28 de Agosto 1936, página 2, publicó la entrevista mantenida
por el periodista Jay Allen con el General Franco, parte de cuyo diálogo fue:
“-¿Entonces no hay tregua, no es posible algún compromiso?”
”No. No, decididamente, no. Nosotros estamos luchando por España. Ellos
luchan contra España. Lo conseguiremos a cualquier precio”
”Tendrá que matar a media España”, dije. Giró su cabeza, sonrió y mirándome
fijamente respondió:
”He dicho que al precio que sea”.

Y junto a los querellantes de Falange uno de los actuales magistrados de la Sala
Penal del Tribunal Supremo, Adolfo Prego, que, según reiteradamente se da cuenta
en los medios de comunicación desde hace ya meses, no solo es patrono de la
ultraderechista “Fundación para la Defensa de la Nación Española- DANAES” sino
que además, según afirmó Lopez-Fonseca en el diario Público de 21-6-2009, “ha
intervenido en los últimos años en, al menos, dos actos públicos en los que justificó
el golpe militar de 1936” y añade dicho articulista: “y ocho meses después del
segundo de estos actos, y cuando aún era vocal del Consejo del Poder Judicial
(CGPJ), el magistrado Prego firmó un manifiesto contra la Ley de Memoria que
apareció publicado tras la aprobación de ésta”. Y añadiría que en esa misma etapa de
Vocal del Consejo, cuando tras su intervención ante una de las promociones de
jueces de la Escuela Judicial, al hacerle notar que había hablado a unos jueces
españoles de Estado de Derecho únicamente y no de “Estado social y democrático de
Derecho” que establece la propia Constitución, contestó despectivamente: “De “eso”
ya hablan otros en esta Escuela y en otros lugares”.
Y en el otro extremo, otro magistrado del Tribunal Supremo, Luciano Varela, del que
también la prensa diaria habla que es de talante progresista, por su pertenencia a la
asociación Jueces para la Democracia, en cuyo seno hay una minoritaria corriente
http://www.nuevatribuna.es/imprimir-noticia.asp?noti=32538
2 de 6 12/04/10 14:59
hipergarantista que viene calificando de “utilización torticera del proceso penal” a la
apertura de procedimientos por hechos cometidos tras el golpe de estado de Julio de
1936 y durante la Dictadura fascista que sufrió el pais.
Pues bien, ante la imputación que por el delito de prevaricación - “dictar a sabiendas
una sentencia o resolución injustas”(art. 446.3º del Código penal)- que Luciano
Varela formula contra el magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, cabe
plantearse algunos interrogantes.

¿Están prevaricando el magistrado Luciano Varela al dictar esta resolución y los
magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Supremo que antes resolvieron
negativamente el recurso de apelación interpuesto por la defensa de Baltasar Garzón
contra el auto de admisión a trámite de la querella.?
Si como se deduce del auto de Luciano Varela la prevaricación perseguida se funda
esencialmente en la falta de competencia del Juez de Instrucción Penal nº 5 de la
A.N. para tramitar el procedimiento ¿prevaricaron también los magistrados de la Sala
de la A.N. que formularon su voto particular afirmando que sí era competente
realizando una fundamentación juridica semejante a la argumentada por el hoy
querellado?

Si además se argumenta por el magistrado Luciano Varela, que Baltasar Garzón no
tuvo en cuenta lo determinado por la Ley de Amnistía de 1977, al tramitar un
procedimiento por hechos delictivos cometidos con anterioridad a la misma que se lo
impedía, cabe preguntarse ¿estará prevaricando el magistrado del Juzgado de
Instrucción Penal nº 4 de la Audiencia Nacional que instruye el procedimiento
seguido por la desaparición del dirigente de ETA, “Pertur”, que se produjo trece
meses antes de la entrada en vigor de dicha ley? En este caso, y a la vista de que el
procedimiento penal de búsqueda sigue abierto y no se ha iniciado ningún proceso
contra dicho magistrado, parece que se sigue el criterio de que se está ante un delito
permanente, porque Eduardo Moreno Bergareche,”Pertur”, ni aparece vivo ni han
aparecido sus restos pese a haber transcurrido casi 35 años desde el 16 de Julio de
1976 en que desapareció. ¿Qué diferencia hay para rechazar la tesis del delito
permanente respecto a los detenidos-desaparecidos por el fascismo español? ¿El
tiempo únicamente? A la vista de que el Código penal se limita a fijar la fecha a
partir de la cual se ha de computar el tiempo para la prescripción (art. 132 C.p.) ¿es
prevaricadora la estimación jurídica de que las detenciones de republicanos a manos
de comandos falangistas, seguidas de desaparición, no han prescrito, pese al tiempo
transcurrido? ¿Hay jurisprudencia vinculante, ante esta falta de previsión legal
expresa, para poder fijar un limite absoluto de tiempo de prescripción en los delitos
permanentes. ¿Es posible poner el límite de la duración de la vida humana, a los 70,
a los 80, a los 90 a los 100 o más años para que empiecen a contar los plazos de
prescripción previstos en el art. 131 del C.P.? ¿Se puede hablar, jurídicamente, como
se ha hecho en alguna resolución judicial en estos temas de “notorio fallecimiento”?
De otra parte, ¿realmente las Cortes que aprobaron la ley de Amnistía de 1977
obraron libremente a la vista del “Tejerazo” que sobrevino unos pocos años después?

. Y porque se trata de una ley “democráticamente aprobada” como se afirma en el
auto de Luciano Varela, ¿ya es intocable juridicamente dicha ley, dado su carácter
preconstitucional? O ¿acaso no está sometida, como todas las leyes, a lo establecido
en la Constitución, que recoge la justicia y la igualdad como valores superiores de
nuestro ordenamiento jurídico?
¿Qué factores, además del tiempo, están presentes realmente en la decisión del
magistrado Luciano Varela y los magistrados de la Sala del T.S. a cuyo manto
protector se acoge aquél?

Pero, además, ¿prevarica el juez instructor que intenta cumplir las obligaciones que
le impone el artículo 13 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal? Este precepto fija
para el proceso penal cuatro finalidades de ineludible cumplimiento: 1ª “consignar
las pruebas del delito que puedan desaparecer”; 2ª “la de recoger y poner en custodia
cuanto conduzca a su comprobación y la identificación del delincuente”; 3ª: “la de
detener, en su caso, a los presuntos responsables del delito”; y por último, y no por
eso menos importante, la 4ª: “la de proteger a los ofendidos y perjudicados por el
mismo,a sus familiares o a otras personas...”

¿Averiguar la verdad de la detención ilegal-desaparición, la supervivencia de los
posibles autores, la identificación de los restos humanos para, en su caso, entregarlos
a los familiares es prevaricar o dar cumplimiento estricto de lo dispuesto en la ley?
¿Está induciendo esta resolución a que los jueces de instrucción apliquen el principio
de economía procesal por falta de medios personales o materiales, o la ley del
“mínimo esfuerzo”, frente a obligaciones tan ineludibles? Y desde una posición de
auténtico garantismo procesal exigible a todo juez, ¿ puede justificarse jurídicamente
el rechazo de plano y desde el primer momento de la presentación de la denuncia el
incumplimiento de alguna de esas cuatro obligaciones, si lo que se está denunciando
es un delito de detención ilegal seguido de desaparición, a la vista de lo establecido
en el art. 269 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que solo autoriza a proceder así
si los hechos denunciados no fueran constitutivos de delito o la denuncia fuera
manifiestamente falsa?.

¿Se puede mantener, jurídicamente, como se recoge en el auto de Luciano Varela,
que “los hechos denunciados ya carecían de relevancia penal al tiempo de iniciar el
procedimiento” si se trata de hechos constitutivos de delitos permanentes?
Habría muchos otros interrogantes, pero no me resisto a formular algunos más para
finalizar estas reflexiones. ¿Realmente puede calificarse de prevaricación, seguir los
criterios jurídicos acerca de la aplicabilidad del Derecho Penal Internacional en
nuestro pais, cuando es evidente que incluso está calando en la jurisprudencia de
Tribunales nternacionales y nacionales, una nueva concepción jurídica del principio
de legalidad penal en los delitos internacionales u otra valoración del alcance del
principio de irretroactividad penal? ¿Acaso no resulta “esperpéntico” perseguir por
prevaricador a un juez que determinó la detención en Londres de otro dictador,
Augusto Pinochet, que, curiosamente, fue el único Jefe de Estado que estuvo
presente en los funerales de Francisco Franco, y que llegó a ser procesado finalmente
por un juez chileno, Juan Tapia, fruto de la dinámica interpretativa impulsada por
Baltasar Garzón en dicho procedimiento incoado a petición del fiscal Carlos
Castresana, o que dos jueces, una peruana, Antonia Saquicuray, y otro argentino,
Gabriel Cavallo, declarasen la inaplicabilidad de las respectivas Leyes de Amnistía y
Punto Final también “democráticamente aprobadas” en su países?
¿Se puede mantener y no caer al menos en ignorancia inexcusable, que respecto a los
“niños españoles desaparecidos”, fuera de nuestro territorio, especialmente en los
campos de concentración franceses, bajo control nazi/fascista, no tenía competencia
un juez de Instrucción de la Audiencia Nacional, no solo antes sino incluso ahora tras
la denunciable última reforma de sus competencias ? ¿Y si además en este execrable
tipo de delito, también de naturaleza permanente, las propias víctimas que con toda
probabilidad sobreviven, siguen desconociendo su verdadero origen, no rige para
ellas el citado artículo 13 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal?

¿Puede, de otra suerte, calificarse de prevaricación aplicar los preceptos de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal porque se haya publicado la Ley 52/2007, llamada de la
Memoria Histórica, cuando esta misma ley, salva el ejercicio de cualesquiera otras
acciones, entre ellas las penales, previstas en el Ordenamiento jurídico (art. 4-5º y
Disposición Adicional Segunda)?. ¿No parece tener también el aire de
“esperpéntica” la atribución de carácter excluyente a dicha ley?

Y para finalizar un interrogante gravemente preocupante para la devenir democrático
de nuestro pais.

¿A partir de resoluciones como el auto dictado por el magistrado Luciano Varela, y si
desgraciadamente se avanza en esa linea persecutoria, cuando quepan varias
soluciones interpretativas, ante las lagunas o deficiencias legales, no se está
fomentando el riesgo a que los jueces piensen no en la solución adecuada -legal y
constitucionalmente- sino en el criterio interpretativo del superior jerárquico judicial
que ha de confirmar o rechazar su opción, cuando el mismo no es vinculante?
¿Dónde queda la independencia judicial? ¿Hacia dónde camina la Independencia
judicial como pilar esencial de nuestra democracia constitucional? ¿Caminamos de
nuevo hacia la “democracia orgánica” del fascismo español, donde un grupo de
jueces, fiscales y secretarios llegamos a ser “delincuentes políticos” en el seno de la
clandestina “Justicia Democrática”?

Aunque en honor a la verdad y a la esperanza, también hay, en el seno de la
asociación Jueces para la Democracia, otra corriente que fue capaz de afirmar en su
escrito de 12 de Febrero último: “Calificar de prevaricadora a una de las posiciones
del debate jurídico desarrollado en el contexto de un proceso significa criminalizar la
deliberación, imponer los límites penales a la interpretación judicial e impedir el
desarrollo libre y honesto de las ideas.”
Señores magistrados integrantes de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, ¿no creen
que una pronta resolución a la cuestión de competencia que está pendiente ante esa
Sala podría contribuir a que las aguas volviesen a su cauce?

Señores legisladores, en sus manos está también buscar una auténtica y eficaz
solución al gravísimo problema subyacente, que venga a suplir las deficiencias de la
Ley 52/2007, para que el Estado español cumpla sus obligaciones internacionales
acerca de la Verdad, Justicia y Reparación ante los crímenes del Régimen fascista
español que padecimos.

Antonio Doñate - Magistrado jubilado y ex-profesor de la Escuela Judicial.
nuevatribuna.es. . ®2010 | www.nuevatribuna.es

01 febrero 2010

SOBRE LAS PENSIONES

Graves errores metodológicos hechos por los economistas (y los medios de información y persuasión) liberales en sus diagnósticos del colapso de las pensiones.


Recientemente hemos visto una avalancha liberal que tiene como objetivo alarmar a la población haciéndole creer que las pensiones no son viables. La Comisión Europea, el Banco de España, el BBVA y el Partido Popular Europeo (del cual el PP español forma parte) han publicado informes y documentos que alertan a la población española de que hay que reducir las pensiones porque el sistema de Seguridad Social que las financia no es sostenible. En defensa de sus posturas presentan datos e información empírica que asumen que apoyan sus alarmas sobre las cuales basan sus recomendaciones. Todos estos documentos tienen errores graves que invalidan sus conclusiones, transformando tales documentos en manifiestos políticos en lugar de informes científicos. Veamos tales errores.

1. Asumir que la esperanza de vida mide los años que una persona vive
Tales documentos asumen erróneamente que el hecho de que la esperanza de vida promedio de España haya pasado de ser 76 años a 80 años en veinticinco años (1980-2005) quiere decir que el promedio español vive ahora cuatro años más. Ello no es cierto. Hay que saber qué quiere decir esperanza de vida y cómo se calcula. Supongamos que España tuviera sólo dos habitantes. Uno, Pepito, que muere al día siguiente de nacer, y el otro, la Sra. María que tiene 80 años. La esperanza de vida promedio de España sería 0 años más 80 años, dividido entre dos, es decir, cuarenta años. Pero supongamos que en un país imaginario vecino, hay también dos ciudadanos, uno, Juan, que en lugar de morir al día siguiente de nacer, como Pepito en España, vive veinte años, y la otra persona es la Sra. Victoria que tiene también 80 años como la Sra. María. En este país imaginario, la esperanza promedio de vida es de 20 más 80, dividido entre dos, es decir 50 años, diez años más que en España. Ello no quiere decir (como constantemente se malinterpreta este dato) que el ciudadano promedio de aquel país viva diez años más que en España: lo que el dato dice es que hay diez años de vida más en el promedio de aquel colectivo de dos personas sin clarificar que ello se deba a que la Sra. Victoria viva diez años más que la Sra. María (lo cual no es cierto), o que sea Juan el que vive veinte años más que Pepito. Todos los documentos que favorecen la reducción de las pensiones concluyen que la Sra. María vive diez años más, lo cual, repito, no es así.

Lo que ha estado ocurriendo en España (y en Europa) es que la mortalidad infantil ha ido disminuyendo de una manera muy marcada, con lo cual la esperanza de vida ha ido aumentando, pasando de 76 años a 80 años. Ello no quiere decir, como habitualmente se asume, que el ciudadano español medio viva cuatro años más ahora que hace veinticinco años. La mortalidad por cada grupo etario ha ido descendiendo (incluyendo entre los ancianos), pero los años de vida que el ciudadano medio vive ahora no es de cuatro años más que en 1980. Calcular las pensiones en base a esta lectura errónea de los datos penaliza a la población pues asume que la gente vive más años de lo que en realidad vive.

2. Los promedios no son sensibles a las diferencias por clases sociales
Otro gran error es malinterpretar el significado de promedio Una persona se puede ahogar en un río que tiene como promedio sólo diez centímetros de profundidad. Tal río puede ir seco a lo largo de muchos kilómetros pero en algunas zonas éste puede tener tres metros de profundidad, y es ahí donde el lector se puede ahogar. Un promedio en sí no nos dice mucho si no sabemos también las variaciones del promedio. Lo dicho tiene especial importancia en el cálculo de la esperanza de vida y en la estimación de la longevidad (los años que una persona vive). Las diferencias en longevidad por clase social son enormes. Así, la diferencia en los años de vida existente entre una persona perteneciente a la decila de renta más baja del país (los más pobres) y la decila superior (los más ricos) en España es nada menos que de diez años (ha leído bien, diez años). En EE.UU. son quince y en el promedio de los países de la UE-15 son siete. Estas diferencias en longevidad se deben a que el nivel de salud de la población depende, sobre todo, de la clase social a la cual se pertenece. Un trabajador no cualificado (en paro frecuente durante más de cinco años) tiene, a los sesenta años, el nivel de salud que un banquero tiene a los setenta años. Este último sobrevivirá al primero diez años. Es profundamente injusto pedirle al primero que continúe trabajando dos (y algunos piden cinco) años más para pagar las pensiones del segundo que le sobrevivirá diez años. La insensibilidad hacia esta realidad mostrada por estos informes es abrumadora. Retrasar la edad de jubilación a toda la población trabajadora sin más, es una medida que perjudica a las clases populares para beneficiar a las clases de mayores rentas que viven más años.

3. El error del argumento alarmista: el crecimiento del porcentaje del PIB gastado en pensiones es excesivo
Este es uno de los errores metodológicos más importantes y frecuentes que aparece en el informe de la Comisión Europea, y que ha sido reproducido en gran número de artículos y editoriales. Tal argumento indica que el porcentaje del PIB en pensiones subirá de un 8,4% en el año 2007 a un 15,1% del PIB en el año 2060, un porcentaje que estos informes señalan como excesivo, pues la sociedad en el año 2060 no podrá absorber tales gastos pues restarán recursos necesarios para otras actividades, programas o servicios a la población no pensionista. El hecho de que el porcentaje de gasto en pensiones públicas alcanzará el 15,1% en el 2060 se considera una noticia alarmante que requiere una intervención ya ahora, disminuyendo los beneficios de los pensionistas.

En este argumento se ignora el impacto del crecimiento de la productividad sobre el PIB del año 2060. Supongamos que el crecimiento anual de la productividad es un 1,5%, un crecimiento que incluso el Banco de España admite como razonable. En este caso, el valor del PIB español será 2,23 veces mayor que el PIB del año 2007. Ello quiere decir que si consideramos el valor del PIB del año 2007 como 100, el del año 2060 será de 223. Pues bien, el número de recursos para los no pensionistas en el año 2007 fue de 100 menos 8,4 (8,4 es la cantidad que nos gastamos aquel año en pensionistas), es decir, 91,6. En el año 2060 los recursos a los pensionistas serán el 15,1% de 223, es decir 33, y para los no pensionistas será 223 menos 33, es decir, 192, una cantidad que es más del doble de la existente en el año 2007, 91,6. Debido al crecimiento de la productividad, en el año 2060 habrá más recursos para los no pensionistas que hoy, y ello a pesar de que el porcentaje del PIB dedicado a pensiones es superior en el año 2060 que en el 2007. Los que alarman innecesariamente a la población olvidan un hecho muy elemental. Hace cincuenta años, España dedicaba a las pensiones sólo un 3% del PIB. Hoy es un 8%, más del doble que cincuenta años atrás. Y la sociedad tiene muchos más fondos para los no pensionistas de los que había entonces, aún cuando el porcentaje del PIB en pensiones sea mucho mayor ahora que entonces. Por cierto, ya hace cincuenta años, cuando España se gastaba un 3% del PIB en pensiones, había voces liberales que decían que en cincuenta años se doblaría o triplicaría tal porcentaje, arruinando el país. Pues bien, estamos cincuenta años más tarde, y el país tiene más recursos para los no pensionistas que existían entonces, aún cuando el porcentaje del PIB dedicado a pensiones se ha doblado.

4. Se equivocan constantemente en sus proyecciones demográficas
Cualquier demógrafo que tenga un mínimo de rigor sabe las enormes dificultades en calcular cambios demográficos por periodos tan largos como cincuenta años. Y un buen ejemplo de ello es que los bancos y las cajas publican cada diez años informes anunciando el colapso de las pensiones en diez años. La Caixa (en 1998), el BBVA (en 2005 y en 2007), El Banco Santander (en 1992 y en 1999), el Banco de España (en 1995, en 1999, en 2002 y en 2009) y una larga lista, han predicho el colapso (utilizando un término menos contundente) de las pensiones para diez o al máximo veinte años más tarde. En defensa de sus proyecciones utilizan los mismos argumentos y los mismos datos (la Comisión Europea utiliza prácticamente los mismos datos que publicó el informe de la Fundación de las Cajas en 2007). Y una de las proyecciones más utilizadas es la de la evolución de la pirámide demográfica, indicando que el porcentaje de ancianos está creciendo muy rápidamente, y el de los jóvenes está bajando muy sustancialmente, ignorando que, en aquellos países que financian las pensiones a base de cotizaciones sociales como es el caso español, el punto clave no es el número de jóvenes y adultos por anciano, sino el número de cotizantes y la cantidad de cada cotización por beneficiario. Y tanto el uno como el otro están subiendo, el primero como consecuencia de la integración de la mujer al mercado de trabajo (si España tuviera la tasa de participación de la mujer en el mercado de trabajo que tiene Suecia, habría tres millones más de cotizantes a la seguridad social), y el segundo como consecuencia del aumento de la productividad y de los salarios. Es más, toda la evidencia muestra que las familias españolas desearían tener más hijos (dos por familia) que los que tienen ahora. El desarrollo de la sociedad y de los servicios de ayuda a las familias, como escuelas de infancia y servicios domiciliarios, permitiría el incremento de la fecundidad, una de las más bajas del mundo. Hoy en Europa, los países nórdicos, con un amplio desarrollo del estado del bienestar, tienen una fecundidad mucho mayor que en el Sur de Europa.

Dos últimas observaciones. El hecho de que el rigor y credibilidad de tales documentos liberales sea muy escaso no quiere decir que no tuviera que haber cambios en las pensiones, cambios distintos al retraso de la jubilación o disminución de sus beneficios que proponen los liberales. Contrariamente a lo que se dice constantemente, las pensiones, incluyendo las contributivas, son demasiado bajas, y ello como consecuencia de que los salarios son demasiado bajos (ver el excelente capítulo sobre las pensiones escrito por la profesora Camila Arza en el libro La Situación Social en España. Vol. III. Biblioteca Nueva. 2009).

Otro cambio que debiera ocurrir es la flexibilización de la edad de jubilación permitiendo que aquellas personas (la mayoría profesionales) que desearan jubilarse más tarde pudieran hacerlo. La jubilación debiera ser un derecho, no una obligación.

Debiera también prohibirse, como se ha hecho en varios países, la prejubilación utilizada por el mundo empresarial para realizar cambios en sus plantillas, penalizando el sistema de seguridad social y al prejubilado, pues éste recibe una pensión menor. Tal prejubilación le supone a España un recorte de ingresos equivalente a un 6% del PIB

Una última observación es que el Estado debiera aumentar su aportación a las pensiones tal como lo hacen otros países (como Dinamarca), en que las aportaciones procedentes de los impuestos generales son mucho más intensas que en España. No hay nada sagrado en la Biblia económica que diga que las pensiones tienen que pagarse a base de cotizaciones sociales. La popularidad de las pensiones (entre todos los grupos etarios) es tal que puede justificarse tal medida que contaría con gran apoyo popular. España ya lo hizo con la sanidad (que estuvo financiada por la Seguridad Social) y puede expandirlo a otras áreas.


Vicenç Navarro ha sido Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona. Actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España). Es también profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore, EEUU) donde ha impartido docencia durante 35 años. Dirige el Programa en Políticas Públicas y Sociales patrocinado conjuntamente por la Universidad Pompeu Fabra y The Johns Hopkins University. Dirige también el Observatorio Social de España

16 enero 2010

JUANTXO, PRESIDENTE DE GREENPEACE ESPAÑA EN LIBERTAD

Juantxo quiere darte las gracias

Isla de la Palma



Queridos amigos y amigas,


Unos días después de mi liberación de la cárcel danesa de Verser, y ya con más información sobre todo lo acontecido por aquí en torno a nuestro cautiverio, quería dedicar unos minutos a agradecer el apoyo de tanta y tanta gente que os habéis movido para conseguir nuestra vuelta a casa.


Nora, Joris, Christian y yo mismo, hemos estado presos por tratar de evitar el fracaso de la Cumbre del Clima (COP15) que se celebró en Copenhague. A pesar de las muy serias advertencias científicas, que nos urgen a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% para el año 2020, y casi en su totalidad para el año 2050, lo cierto es que los dirigentes mundiales no fueron capaces de cerrar un acuerdo global para alcanzar esos y otros objetivos que nos pusieran en el camino de frenar el cambio climático. Por eso nuestra protesta tenía todo el sentido: se hizo e el momento adecuado (a falta de dos días para el final de la Cumbre); y en el lugar en el que se iban a reunir más de 100 jefes de estado y de gobierno.

En la línea de las mejores acciones de Greenpeace, la protesta fue espectacular pero totalmente pacífica. No hubo riesgo para nadie, más que para nosotros mismos.


Sin embargo tras la detención, nos llevaron a prisión donde pasamos 21 días, en lo que consideramos una reacción totalmente desproporcionada de la policía danesa. Nos enfrentamos ahora a diversos cargos, sobre los que se celebrará juicio contra nosotros, y otros cinco activistas que colaboraron en la acción. El caso, por tanto, no está cerrado.

No obstante, a mi vuelta a casa quiero agradecer uno por uno todos los apoyos recibidos. Me gustaría poder hacerlo a cada una de las personas que han participado en las decenas de concentraciones, ha enviado un email a la embajada o al gobierno danés, ha suscrito alguno de los manifiestos en favor de nuestra liberación…..o cualquiera de los tantos gestos que, finalmente, han conseguido que salgamos en libertad. Gracias, gracias, gracias.

Muchas veces nos preguntamos si ese pequeño gesto de enviar un correo, hacer una llamada, o participar en una ciberacción sirven para algo. Puedo aseguraros que sí. Esta vez lo he vivido en directo desde dentro de la prisión, y a pesar de que a nosotros no nos ha llegado casi información porque estábamos incomunicados, supimos de muchos de esos pequeños gestos de apoyo que nos llenaron de ilusión. Fuimos también conscientes de cómo la presión que estabais ejerciendo se hacía sentir en los distintos estamentos a los que iba dirigida. De nuevo, gracias.

Un cariñoso saludo,

Juan López de Uralde
Director Ejecutivo
Greenpeacer España
— Greenpeace



Greenpeace España

09 diciembre 2009

Quino...Visión de la vida tremenda verdad

Que es la realidad!!!

Los valores del hombre moderno del Siglo XXI
Con el paso de los siglos el ser humano ha incorporado nuevo valores que se ajustan a los tiempos que corren. A continuación Quino explica cuáles son los valores que dominan al hombre moderno