26 mayo 2010

CAMBIAR DE CARBURANTE


CAMBIAR DE CARBURANTE


Una de las cosas que no se debe hacer, según mi criterio, al analizar la crisis, sus orígenes, sus consecuencias y sus posibles salidas es meternos en un debate sobre buenos y malos. Porque si erramos en el diagnóstico, será más difícil encontrar la terapia adecuada.

El problema principal, en mi opinión, es que el principal carburante que mueve nuestra sociedad a producir bienes y servicios, es la obtención del beneficio privado, de tal modo que quienes pueden y quieren, establecen sus propios criterios para producir unas cosas y no otras, y para producirlas en una cantidad y precio determinados. Estas personas no tienen la obligación de que todo el mundo reciba los beneficios de su iniciativa, sino sólo de producir lo que quieran, en la cantidad y al precio que les haga obtener el mayor beneficio con el mínimo coste. Quienes no puedan pagar el precio del producto o servicio, se quedarán sin él.

Existen también comerciantes, autónomos y pequeños empresarios que se ven obligados a utilizar, quieran o no quieran, el mismo carburante, lo que les lleva a autoexplotarse para poder salir adelante. Las grandes superficies y las franquicias se comen a los pequeños comercios, los autónomos son explotados sin piedad, debiendo trabajar más que un reloj, y los pequeños empresarios se ven abocados a unirse para conseguir estructuras comerciales y precios competitivos.

El carburante del beneficio privado tiene residuos tóxicos, como el egoísmo, y efectos secundarios, como la concentración de dinero, y consecuentemente de poder, cada vez en menos manos, que van limitando cada vez más el poder de la gente que no lo tiene, y por lo tanto su libertad.

La tesis que defiendo es que el beneficio privado, el principal carburante que hacer mover la sociedad occidental, no sólo no resolverá los problemas del planeta, sino que, además, ignora y hunde en la miseria, en las enfermedades y la muerte a una parte muy importante de la población mundial, y nos hace caminar hacia el agotamiento de los recursos naturales. Hay que buscar otro carburante más limpio, otro carburante que nos lleve a mirar a las personas a los ojos y no a su bolsillo, otro carburante que mire a las personas por lo que son y no por lo que tienen. Un carburante que no nos obligue y que no nos incite a consumir por consumir, porque no se es más feliz por consumir más. De hecho, las cosas más importantes de la vida no se pueden comprar con dinero.

Hay que buscar donde está esa fuente de energía que nos haga trabajar no para ser más ricos que los demás, o para ser más poderosos que ellos, sino para sentirnos bien con el trabajo hecho, para sentirnos útiles, para compensar mejor al que más se esfuerce, y no para que nos robe el futuro quien tiene la sartén por el mango. Un carburante, en fin, sin contraindicaciones ni efectos secundarios.

Ese carburante es la solidaridad. Seguramente es una fuente de energía aún escasa, o por lo menos no suficiente, pero, como el conocimiento, tiene la virtud de poder reproducirse sin que el que te la ofrece la pierda. Bajo mi punto de vista, necesitaríamos mucha de esta energía limpia para cambiar las cosas, muchas personas que utilizasen esa energía renovable para llevar a cabo las tareas que la sociedad necesita.

Y no nos vale sólo criticar. Hay que ponerse en marcha. Porque muchos debemos tomar la iniciativa para decidir qué producimos, en qué cantidad y con qué objetivos, con la energía del carburante limpio. Parafraseando a Antonio Gramsci, quienes pensemos en un futuro solidario nos tendremos que instruir, porque hará falta toda nuestra inteligencia, nos tendremos que conmover, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo, y nos tendremos que organizar, porque será precisa toda nuestra fuerza.

Si no lo hacemos, se seguirán fabricando cosas y ofreciendo servicios con el carburante sucio de egoísmo personal, con sus efectos secundarios. Nos obligarán a consumir para hacer más ricos a los ricos, con la excusa de darnos algunos puestos de trabajo. Pero la riqueza no llegará a todas las personas, se concentrará en pocas manos y cada vez la democracia podrá decidir menos cosas. Llegaremos a ser esclavos del dinero sin habernos dado cuenta. Si es que no lo somos ya.

Teruel, 25 de mayo de 2010

José María Martínez Marco

Coordinador IU Teruel

No hay comentarios: